Cuba, finales de los 50. Un dictador sin soporte popular, sin sentido de Estado y con un ego desmedido había quebrado una democracia socialdemócrata y al tiempo liberal que articulaba las instituciones de este bello país desde 1940 a 1952. Cuba tenía una población y gobernantes socialdemócratas por entonces. Una Constitución auténticamente revolucionaria y avanzada auguraba un futuro prometedor a la isla en 1940.
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El analista afirma que en 1952 Fulgencio Batista tomo el poder por la fuerza. La corrupción y los fusilamientos generaron la animadversión de toda la población. Batista no tenía apoyos. Ni entre el pueblo ni, en 1958, entre sus aliados comerciales, como Estados Unidos, que le dio la espalda. Fidel Castro fue la esperanza de cubanos y de españoles, que desde 1939 sufrían una dictadura férrea tras una guerra civil devastadora para todos los bandos. La inmensa mayoría de Cuba apoyaba a los “revolucionarios”.
Mi familia, una entre tantas, se vestía de revolucionaria y aportó todo lo que pudo contra Batista: trabajo, ilusión y mucho dinero. Mi padre, un ser bondadoso e inocente, hijo de un notable y admirado académico, fue nombrado por el nuevo gobierno de Fidel, compañero suyo en la universidad, para dirigir el Instituto del Petróleo -que pronto fue Ministerio- el tiempo suficiente para darse cuenta rápidamente de lo que se apercibió toda la clase instruida de Cuba: Fidel Castro sería mucho peor para el pueblo de Cuba que incluso lo fue Batista, reportó DiariolasAmericas.
Espejismo «revolucionario» en Cuba
Luego llegó el “ No los queremos, no los necesitamos ”, y la huida de toda la clase instruida de Cuba, expropiada y aterrorizada. Más de 3,5 millones de personas, de tan sólo 11 millones, se han identificado con los que Fidel “no quería, no necesitaba” y han salido en este tiempo en mitad de una feroz represión. Créame el lector que, como mi padre, ni un 5% de ellos afín a Batista.
Fidel le contó al mundo que todos eran batistianos y que él representaba a la izquierda. Lo que los republicanos en España vieron truncado tendría ahora resarcimiento en la perla de las Antillas. Lo que se tornaba en infierno, la izquierda latina y española, con mucha inocencia unos, y mucha inquina otros, lo pasaban por la lavandería de la historia. Destronado Batista y sin enemigo, Fidel convirtió a los Estados Unidos en causante de las desgracias de Cuba y se montó en la ola del antiamericanismo sin importar políticas o presidentes.
Del pueblo más amigo de Cuba desde el siglo XIX logró tener el peor enemigo, expropiando todos los bienes del pueblo americano, insultándolos a la par hasta la saciedad. Así logró atraer a quien le sostendría durante años, la imperialista y proxeneta Unión Soviética y, con la reacción de los Estados Unidos a dichas agresiones, convenció a buena parte del pueblo de que estaban en “guerra”. Enseguida convirtió a Cuba en un satélite soviético que no podría ser tocado.
Mientras metía a homosexuales en campos de concentración, fusilaba, y violaba todos y cada uno de los derechos laborales, sociales, civiles y políticos, la izquierda latina, y sobre todo la española, le ayudaron a mantenerse en el poder. “El enemigo de mis enemigos es mi amigo”, un error consustancial al ser humano.
Hay quien lo ha visto claro, y se expresa claro, y fuerte, sobre el fascismo castrista. Felipe González honra su gran nivel político cuando se enfrenta hoy día a ese fascismo. Otros no han dado ese paso. Entre ellos el más grande cantautor que ha dado España, Joan Manuel Serrat, admirable en su humanidad y que ya hace tiempo que detesta el castrismo en Cuba, pero que aún no les ha cantado a las madres de las víctimas como cantó con gran inocencia y buena voluntad, pero nefasta aportación, a favor de los verdugos fascistas y su falsa retórica.
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