Gilberto Ramírez es un jubilado de educación que padece en carne propia la miseria de la dictadura cubana. Ramírez vive en una derruida vivienda de madera. Está enfermo y con una alimentación precaria. Así es su vida cerca de la central azucarera Patria o Muerte.
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Gilberto Francisco Ramírez Martínez, exempleado del sistema de Educación Pública en Cuba, sobrevive en el municipio Morón de la provincia de Ciego de Ávila. El hombre enfermo apenas tiene para comer o para adquirir los medicamentos que necesita para su enfermedad.

El jubilado Gilberto Ramírez sufre la miseria de la dictadura cubana. Vive en una derruida vivienda de madera; enfermo y con escasos alimentos
Ramírez es portador del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Necesitaría cuidados y condiciones de vida acordes con su condición. Sin embargo, la pensión que recibe por Asistencia Social no le alcanza para comer. Mucho menos para reparar su maltratada vivienda.
A pesar de todo, intenta buscar ayuda para reparar su casa. Ha perdido más de dos años intentándolo. Cree que no lo han robado porque no tiene nada que quieran los ladrones.

“Cuando empieza a llover, es más adentro que afuera. Y no tenemos ni agua para servicios sanitarios. No hay condiciones de vida… Ninguna”; denuncia el jubilado enfermo, Ramírez trabajó durante 37 años en Educación. Sin embargo, el régimen le negó la obtención de su chequera de jubilado.
“Estoy casi ciego, tanto que no me pueden graduar más la vista. Llevaba 10 años desvinculado; y de nada me valió el expediente tan lindo que tengo ahí guardado, no me dieron un retiro por Educación, sino una ayuda por Asistencia Social”.
De poco sirve la ayuda social que recibe. Tras el aumento de precios por la Tarea de Ordenamiento del régimen; tiene que “dejar en el comedor la mitad de las cosas que me dan, cojo lo esencial, nada más, porque igual está carísimo, 30 pesos diarios”, denuncia.
Pero los males no cesan para este jubilado cubano: “Soy una persona muy enferma. Yo no sabía nada y hace unos 10 años soy portador de VIH y estoy con medicamentos. Pasé un estado de gravedad hace poco porque las pastillas que tomo son extranjeras y no venían al país”.
“A mí no me han dado ni una toalla, ni una sabanita siquiera. Lo que tengo me lo regala una prima”. Esta es la vida de otro anciano cubano abandonado a su suerte por la dictadura cubana.
Fuente: ADN CUBA.
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