Algunas personas terminan haciendo hasta lo imposible para cubrir necesidades tan básicas como vestir, porque en la isla, cuando se carece de remesas las compras cotidianas se convierten en inalcanzables.
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Desde Diario de Cuba realizaron un reporte especial en el que narran la alarmante historia de Reynold, un adolescente cubano operando fuera de la ley para conseguir vestimenta para su hermana y el.
Reynold, adolescente cubano de 17 años de edad, está involucrado en el arriesgado negocio de vender estupefacientes.
Guarda las apariencias de buen estudiante y de «muchacho integrado al proceso revolucionario», y la opinión de los vecinos sobre él es impecable.

Ser mula para vestir y calzar en una isla en crisis
«A finales de este año mi hermanita cumple sus 15, pero con los salarios de mis padres no alcanza ni para la sesión de fotos. Me prometí que, a cualquier costo, ella va a celebrar sus 15 decentemente», dice Reynold, quien hace de «mula» —transporta la mercancía— para media docena de «jíbaros» en cuatro municipios habaneros.
Ni siquiera sus amigos cercanos saben de sus actividades, tampoco su hermana y sus padres. «Tengo como norma no realizar estas operaciones en mi barrio ni en las zonas cercanas».
«En Cuba, si comes no te puedes vestir ni comprar zapatos, o viceversa. La suma de los salarios de mis padres ronda los 8.000 pesos, pero ese dinero se va en comida porque no tenemos familiares en el extranjero y, como el Estado no vende divisas, estamos a merced de los precios del mercado informal para poder acceder a las tiendas en MLC (Moneda Libremente Convertible). Es decir, pertenecemos a esa inmensa lista de los ‘sin remesas’, muchos de los cuales nos rifamos años de prisión para poder sobrevivir, cosa contradictoria, con un mínimo decencia», señala Reynold, en referencia a que dos tercios de la población cubana, más de siete millones y medio de habitantes, no recibe remesas del extranjero
Desde hace décadas el régimen cubano no puede garantizar la producción de ropa y calzado para el consumo nacional.
Actualmente un par de zapatos en Cuba llega a costar más de 6.000 pesos, tres veces el salario mínimo. Pantalones y vestidos superan los 3.000 pesos, y un short no se consigue en menos de 1.300 pesos. Los cubanos con menos poder adquisitivo, empleados del Estado en general, están obligados a recurrir a las ventas de garaje para vestir y calzar a sus hijos.
Con información de: Diario de Cuba
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