Cientos de católicos cubanos han exigido a sus compatriotas importantes cambios en una carta abierta publicada en Internet el 24 de enero.
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La misiva, dada a conocer este lunes por www.radiotelevisionmarti.con , alerta sobre la grave situación económica y social que se vive en la isla y demanda entre otras acciones mejores marcos legales para que los abogados puedan trabajar con independencia del control del Estado, se elimine la impunidad del sector de la sociedad afín al gobierno y se proteja las iniciativas políticamente diversas y pacíficas.
La carta firmada por 400 cubanos, algunos de ellos exiliados, exige el reconocimiento de la plena ciudadanía de los cubanos residentes en el exterior para que puedan participar también activamente en la toma de decisiones de la sociedad cubana. «Todo cubano debe poder, desde su residencia en el exterior, participar cívicamente en los destinos de su nación», indica el texto.
Además describe la necesidad de reconocer la existencia de los conflictos y buscar soluciones en pos de lograr la verdadera reconciliación nacional.
Por otra parte hacen un llamado a entender la relación entre amor y verdad y para ello citan un texto del Papa Francisco donde advierte que: «amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de distintas maneras que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás (…). Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama».
Por otra parte invitan a los cubanos a vivir la verdad en cada decisión de la vida cotidiana: «No colaborar con lo que no creo, no participar de la violencia, los actos de repudio, la delación del hermano. ¿Por qué desfilar cuando no comparto las razones del desfile? ¿Por qué asentir en una reunión cuando no estoy de acuerdo? ¿Por qué callar cuando dentro de mí sé que no están diciendo la verdad? ¿Por qué aplaudir si estoy en desacuerdo? ¿Por qué escuchar a mis miedos y no a mi razón? Vivir en la verdad tiene un precio a veces alto, pero nos hace libres interiormente, más allá de toda coerción externa», concluye el texto.

