En Cuba la pobreza extrema cada día toma más espacios entre los ciudadanos y son muchos los que se convierten en mendigos, mientras el régimen cada vez se preocupa menos por ellos.
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Desde Diario de Cuba realizaron un reportaje especial en el que narran la historia de Miriam, una mujer que lamentablemente se encuentra en una situación de mendicidad.
Con una mirada huraña, Miriam extiende su mano para recibir un billete de 50 pesos.
También acepta de los transeúntes alimentos cocinados, ropa, envases plásticos, latas vacías o cualquier objeto inservible que puede usar para «adornar» su entorno.
Miriam, sin hogar, sin edad especifica y viviendo como mendiga
El espacio que ocupa en un parque, que considera seguro gracias «a la bondad» de los vecinos del consejo popular Plaza, en La Habana.
Su edad es imprecisa, no permite que le hagan fotos y, como único dato personal, solo murmura su nombre. Conserva ese último ápice de dignidad y lucidez que le queda como persona.
El hogar de Miriam se derrumbó totalmente durante los embates de un huracán —ni siquiera recuerda en cuál año— y sus familiares fueron reubicados en un espacio de cuatro por cuatro metros de un albergue en Guanabacoa.
Solo se relaja un poco cuando aparece un hombre que evita el contacto visual y solo ofrece silencio ante las preguntas. Trae dos pozuelos con comida y un pomo de agua.
Por su comportamiento hacia Miriam, podría decirse que es su pareja sentimental.
«Nos hacemos compañía. No es lo mismo estar sola que con alguien de confianza. Rara vez nos acostamos, porque cuando vives en la calle eso no es importante, no lo sientes como una necesidad, ni hay ganas. No nos gusta estar en grupos más grandes porque siempre hay problemas de robo y de envidia. Solos nos va mejor», añade Miriam quien, a pesar de no haber respondido a su edad real, se puede deducir que no tiene más de 55 años.
Cada vez más mendigos en La Habana
En La Habana cada día aumenta el número de mendigos —a los que las autoridades llaman «deambulantes» y personas con visibles trastornos psicológicos.
Aunque predominan los mayores de 60 años, con la profundización de la crisis económica se han incrementado también los adultos de entre 30 y 50 años.
«Muchos ancianos son abandonados por sus propias familias, no están abandonados ni descartados por el Estado como afirma la prensa enemiga», dice Marisol Palmero, vecina del barrio La Victoria, en Centro Habana.
Con información de: Diario de Cuba
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