Cuba: La chispa del descontento no se apaga

Ni siquiera un fuerte aguacero vespertino alivia el calor de espanto. Cuando escampa, el Sol vuelve a asomar en el horizonte para calentar el asfalto de la sucia Calzada Diez de Octubre, una ruta transversal que conecta el centro de La Habana con los barrios sureños de la capital de Cuba.

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Los ómnibus articulados viajan atestados de personas, desobedeciendo las normas de bioseguridad en tiempo de pandemia. El calor espanta a los perros callejeros.

La gente se guarece en los portales mientras hacen largas colas para comprar lo que vendan. En Cuba, para cualquier gestión, tienes que hacer una cola, reportó Diario las Américas.

En Cuba cola para todo

n el banco, para sacar dinero del cajero. En una mugrienta pizzería estatal, para comprar refresco gaseado. La carnicería aún no ha abierto, pero un gran número de personas aguarda para comprar los huevos que distribuyen por la libreta de racionamiento. En la farmacia la cola es para esperar el camión que trae los medicamentos. También en la panadería otra cola, aunque el pan de corteza dura no saldrá del horno hasta dentro de hora y media.

En un pequeño mercado contiguo a una gasolinera la aglomeración es grande: van a vender pollo troceado, a cinco libras per cápita. Bajo un sol que raja las piedras, un policía organiza la cola, pero no logra impedir que las discusiones, broncas y palabrotas subidas de tono amenazan con convertir la cola en un motín.

En la esquina, un viejo enclenque arrastra con dificultad una rústica carretilla con aguacates y ristras de ajo. En voz baja pregona: “Aguacates a 30 pesos, ristras de ajo a 800 pesos”. Se arma un barullo alrededor del carretón, la gente invade el medio de la calle, impidiendo a los vehículos la entrada a la gasolinera. El policía, molesto, insulta al viejo. “Vete a vender esa mierda a otra parte, estás obstruyendo el tráfico”. Acto seguido intenta ponerle una multa de 2.000 (alrededor de 83 dólares) pesos por mal uso de la mascarilla.

Quedó la chispa en Cuba

Un par de jóvenes que beben cerveza enlatada piden sangre. “Ojalá se caliente la timba pa’ ver si el pueblo se tira de nuevo a la calle. A estos reventados hay que sacarlos a patadas por el c…”, expresa uno de ellos.

Al tipo le decomisaron un carro de verduras y luego se prendió candela. Los tunecinos se tiraron pa’ la calle y el dictador se fue tumbando (se marchó del país)”.

Cualquier cola en Cuba es como la lija de una caja de fósforos que al menor roce puede estallar. La inmensa mayoría de los cubanos están al límite. Están viviendo una pandemia sin medicinas, alimentos, artículos de aseo… El dinero no alcanza y el futuro es una mala palabra.

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