A pocas cuadras de la Fragua Martiana, en el bullicioso barrio de Cayo Hueso, en La Habana, Cuba, en una ferretería que vende productos por divisas extranjeras, llamada Decohogar, numerosas personas hacen cola para comprar bolsas de cemento. Por una aplicación en WhatsApp, Yoandry, 55 años, entrenador de judo, supo la noche anterior que un camión había descargado materiales de construcción.
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“El techo de la casa está a punto de colapsar. No me queda otra que repararlo. Con unos dólares que ‘luché por la izquierda’ en una misión (contrato de trabajo) en Ecuador, quiero comprar 30 bolsas de cemento. Hay que estar cazando cuando entra cemento en las tiendas MLC, pues en la calle un saco de cemento cuesta 1.500 o 2.000 pesos (entre $63 y $82) y no aparece”, dice Yoandry. En la misma cola está Mayara, enfermera de profesión y madre de dos hijos. La acompaña su hermano. Necesitan comprar cemento cola, lozas de piso, una taza sanitaria nueva y bombillos LED.
Aprovecho la lentitud de la cola para conversar con Yoandry y Mayara. Les pregunto si recuerden qué efemérides se conmemora el viernes 28 de enero. Me miran asombrados, tal vez piensan que soy un excéntrico. Les digo que el aniversario del natalicio de José Martí y que cerca de la ferretería queda la Fragua Martiana, reportó Diario las Américas.
José Martí de Cuba
“‘Men’, -reponde Yoandry- si el INDER (Instituto Nacional de Deporte y Recreación) no pone transporte, nadie va por sus propios medios a la Fragua Martiana a conmemorar el nacimiento de Martí. Ahora mismo todo eso pasa a un segundo plano. La gente está para resolver la comida y los problemas de su casa. Martí no se come”.
“¿Quién se acuerda de Martí con está la situación? – dice Mayara. El gobierno lo utiliza para todo. Lo mismo si inauguran un hospital que una pizzería. Y a la gente no le gustan las consignas ni las orientaciones impuestas. Cuando estudiaba enfermería, los 28 de enero participábamos en la marcha de las antorchas. No era obligado, pero como casi todo en Cuba era una puesta en escena. Y eso hace que la gente, sobre todos los jóvenes, se distancien de la figura de Martí”, opina.
Qué habría sido de Cuba
Roger, estudiante universitario que ha estado escuchando la conversación, considera que, en plena crisis económica, desabastecimiento generalizado e inflación terrible, “ponerse a hablar de Martí con la gente de la calle y ponderar su trayectoria política es algo un poco loco. Tal vez en un círculo académico o político sea diferente. Es innegable que Martí es nuestro prócer más ilustre. Siempre me he preguntado qué hubiese pasado si al Apóstol no lo hubiesen matado en Dos Ríos. Quizás la historia nuestra sería diferente”, avalúa el joven.
A pocas horas del 169 aniversario del natalicio de José Martí, Cuba no está para tirar cohetes. Apenas hay medicinas en las farmacias, hacer una comida caliente al día es un lujo y el transporte público sigue siendo una pesadilla, al menos en La Habana.
El juego peligroso
Cuba es una nación estrafalaria. El régimen habla de soberanía y antiimperialismo, pero apoya las ambiciones expansionistas de Putin: el Kremlin acaba de anunciar que reforzará “la cooperación técnico-militar” con Cuba, Nicaragua y Venezuela, las tres dictaduras prorrusas del continente. Un juego peligroso. Y en el caso de la Isla, una muestra de que la autocracia verde olivo navega sin rumbo fijo en materia de geopolítica.
Hace tiempo que una parte considerable de la población reconoce que lo único que le importa al gobierno es mantenerse en el poder. A cómo de lugar. La narrativa de un socialismo democrático, próspero y sostenible, una revolución de los humildes y para los humiles o de justicia social es retórica hueca.
En medio de un panorama económico y social que espanta, donde el Estado le paga al trabajador en pesos y la mayoría de los alimentos y artículos de primera necesidad hay que adquirirlas en dólares, evocar a José Martí o a cualquiera de nuestros ilustres próceres, no es algo que le interese a la mayoría de la gente de a pie.
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