Cuba: régimen emplea propaganda para camuflar negligencia

La dramaturgia del partido comunista de Cuba es invariable. Solo cambia la decoración de acuerdo a la temática del evento. Si es un acto fúnebre se colocan cortinas negras. Si es para premiar a trabajadores destacados, a cada uno le entregan un diploma y un libro con la entrevista de Ignacio Ramonet al difunto Fidel Castro.

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En ese tipo de acto y en otros de corte revolucionario, las cortinas son rojas, color identificativo de los socialistas y comunistas. La disposición de las sillas es importante. El jefe o gobernante se sienta en el centro de la mesa presidencial, que siempre se encuentra en una tarima a mayor altura, nunca al mismo nivel de los participantes.

Un ejemplo de la cursi pompa oficialista es la foto, recientemente subida al Facebook de la emisora Radio 26. En un salón climatizado se ve la reunión, de lo que parece ser la plana mayor del puesto de mando creado para dirigir y dar seguimiento a todo lo relacionado con el incendio provocado por la caída de un rayo, el viernes 5 de agosto, en uno de los ocho tanques de la Base de Supertanqueros, situada en la Zona Industrial de Matanzas, provincia a unos 100 kilómetros al este de La Habana, reportó DiariolasAméricas.

Propaganda para camuflar negligencia en Cuba

En la mesa, en un estrado superior, de izquierda a derecha, los cinco mandamases principales: Mario Sabines, gobernador de Matanzas, Susely Morfa, primera secretaria del partido provincial, el presidente Miguel Díaz-Canel, quien además de quedar en el centro, sale iluminado por la pantalla de su laptop; el voluminoso primer ministro Manuel Marrero, y a su lado, con su sempiterna camisa de cuadros, Roberto Ojeda Morales, sustituto del ex todopoderoso José Ramón Machado Ventura.

Debajo y delante de la mesa, sentados en butacas giratorias de cuero negro, el histórico Ramiro Valdés, de 90 años, con su habitual uniforme de comandante de la revolución. A su lado, discretamente, con guayabera blanca, Ricardo Cabrisas, que a sus 85 años sigue ocupándose de los negocios del régimen en el exterior, desde París hasta Moscú, pasando por Teherán, Caracas y Luanda. Aunque no se ven en esa foto, también se encontraban presentes los subordinados, vestidos de verde olivo, como orientan los protocolos de la Defensa Civil, sentados en sillas plásticas y anotando en cuadernos las directrices de los mayimbes.

En un plano que trasmitió el noticiero de televisión, se vio a la plana mayor trazando estrategias para apagar el feroz incendio. Al final de la reunión, Díaz-Canel, en un tedioso discurso que intenta ser optimista dijo que “la revolución saldrá adelante a pesar de todo”.

Muchos matanceros piensan diferente. “Es muy fácil hablar en nombre de todos los cubanos, reclamar sacrificios y pedir que ahorren luz y combustible cuando ellos descansan en las lujosas residencias de visita que tiene el partido comunista en Varadero con desayuno, almuerzo y comida de calidad”, apunta una dependiente de una casa de protocolo en la famosa playa. Por su parte, al reportar las incidencias del fatal accidente, la prensa oficial hace hincapié en la solidaridad de los cubanos, la heroicidad de rescatistas y bomberos y subraya la confianza a prueba de bombas con el gobierno. En la calle, la realidad es otra. Cada vez más, la gente manifiesta abiertamente su descontento.

Ruslán, babalao, considera que “Díaz-Canel tiene tremendo ‘enfumbe’ y debe hacerse una limpieza. Aunque no creo que alcancen los animales de cuatro patas en Cuba para quitarse de encima el muerto oscuro que lo acecha. Mi recomendación: que se retire de esa balacera. Ese puesto le queda grande. Que regrese a sus orígenes si quiere ser feliz. De lo contrario, su destino seguirá marcado por la tragedia”.

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