Cuba: Totalitarismo entra a las casas con el Código de las Familias

El Derecho Positivo es peligroso donde la representación política es medianamente funcional, esta santificación de lo legal sobre lo justo se vuelve letal cuando la soberanía es conculcada por un déspota que hace ley para que la cumpla el pueblo, pero no para sí. Es en esta situación en la que el régimen de Cuba quiere imponer un nuevo Código de las Familias.

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El nuevo código propone cambios positivos como reconocer la unión legal sin distinción por orientación sexual, igualar jurídicamente maternidad y paternidad, modernizar el tratamiento de situaciones novedosas como la reproducción asistida o facilitar la adopción.

No obstante, una falta terrible lo ensombrece: el Gobierno entra a la intimidad del hogar convirtiendo en leyes, mandatos, amenazas y obligaciones, las naturales relaciones afectivas en las que se ha basado la humanidad desde que la familia nuclear sustituyó, por evolución espontánea, a la crianza comunitaria de la tribu, reportó Diario de Cuba.

Totalitarismo en Cuba

En sus frecuentes apariciones en los medios de comunicación masiva, los redactores de la norma refieren que es un «código que pone en el pedestal de la ley la solidaridad, el amor, la dignidad, el respeto». Sin embargo, ni la solidaridad, ni el amor, ni la dignidad ni el respeto pueden ser legislados, no pueden ser impuestos, solo ganados a lo largo de la vida.

Un signo típico de arrogancia totalitaria es querer legislar los sentimientos.

Eso es patente en el hincapié que se hace en el novedoso derecho a cuidados de los adultos mayores. Hasta ahora, los únicos que tenían «derecho a cuidado» —y de faltarle se penaba a los tutores— eran los niños, por dos razones fundamentales: los niños son creación de los padres y, su inmadurez biológica, les impide subsistir autónomamente.

Los ancianos no cumplen esos requisitos. Así, es descabellado equiparar la relación padres-hijos menores de edad, con la relación hijos-padres ancianos.

Familias en Cuba

Los ancianos tuvieron una vida entera para crear sustento para su vejez, y más importante, para cultivar el amor de su familia y recibir devueltos los cuidados que ellos proveyeron previamente.

Además, convertir en obligatorio lo que normalmente se hace por amor tiene efectos perversos. Los sicólogos han encontrado que, en tareas penosas como los cuidados a largo plazo, a veces la constancia se debe a lo que denominan motivación intrínseca, pero si a esta motivación se le adicionan incentivos externos —como el miedo a la ley— se torna motivación extrínseca, y entonces, la ejecución pierde calidad y se hace más pesada. ¿Valoraron eso los redactores del Código de las Familias?

En todo caso, esta preocupación del Gobierno por el cuidado de los ancianos no parte de un recién descubierto amor castrista por la tercera edad.

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