«Dentro de mí hay una revolucionaria sufriendo», dice Virgen Frómeta, hermana de uno de los cubanos que salió a protestar el 12 de julio en La Habana y que fue condenado a 25 años por el delito de sedición.
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«Pido libertad inmediata para mi hermano» Luis Frómeta Compte, de 59 años, con ciudadanía alemana, y «para todos los presos» del 11 y 12 de julio, dice Virgen a AFP con lágrimas en los ojos.
Luis tenía 40 días de haber llegado a Cuba desde Dresde, Alemania, cuando estallaron las inéditas manifestaciones de julio pasado que sacudieron a la isla, con un saldo de un muerto, decenas de heridos y 1.395 detenidos, de los cuales 728 siguen presos, según el último recuento de la ONG con sede en Miami, Cubalex.
Familias de presos cubanos
Este técnico forestal que vivía en Alemania desde hace 37 años, estaba de visita en Cuba y se unió a la protesta del 12 de julio cuando salió a comprar ron. Grabó con su teléfono lo que encontró a su paso, agrega su hermana, una ama de casa de 56 años.
Policías vestidos de civil fueron por él a casa de su hermana el 17 de julio. Desde entonces está encarcelado.
«Nadie tumba una revolución sin armas por hablar, ni por protestar, ni por decir cuatro cosas que a nadie le gustó, ni por filmar, nadie», dice Virgen levantando la voz.
«Cubanos no mataron a nadie»
A unas cinco casas de su domicilio, en el barrio pobre de la Güinera, en la periferia de La Habana, vive Emilio Román, un albañil de 51 años, también devastado. Sus tres hijos están condenados por sedición.
El mayor, Yosney Emilio Román (25 años), y su hermana Mackyani Yosney (23) recibieron 12 años de cárcel, mientras que el menor Emy Yoslan (18) fue castigado con siete años.
El 12 de julio, la familia Román celebraba un cumpleaños. Mackyani salió por cigarrillos y en la esquina se encontró con la multitud. «Se embulló» (entusiasmó) igual que sus hermanos, narra su padre.
Durante las dos semanas que duraron los juicios en enero, Román se quedaba en la entrada del tribunal.
«No tenía fuerzas para (entrar), ver la injusticia que estaban cometiendo con todos esos muchachos», dice en su casa, un cuarto de paredes de cemento sin pintar, donde la cama, la cocina y el baño comparten el mismo espacio.
El veredicto llegó el 16 de marzo. El Tribunal Supremo dio a conocer condenas de seis a 30 años de prisión para 128 manifestantes acusados de sedición y hurto.
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