Los criptosecuestros son un tipo de técnica en las que los delincuentes virtuales utilizan los equipos de los afectados con el fin de minar criptomonedas como el Bitcoin.
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Este tipo de delito virtual pueden ser detectados cuando los dispositivos muestren pequeños contratiempos como que tarden en cargarse o que una aplicación no se abra correctamente.

Delincuentes hacen criptosecuestros para ahorrar costos
El minado suele ser muy costoso, requiere importantes inversiones y dispositivos muy potentes, y conlleva facturas de la luz muy elevadas.
A través de un secuestro de este tipo pueden ahorrarse todo eso.
Según explica Sara Nieves Matheu, investigadora posdoctoral en ciberseguridad de la Universidad de Murcia, la tecnología en la que se basan las transacciones con criptomonedas, el blockchain o cadena de bloques, consiste en que ‘’para escribir un bloque hay un algoritmo matemático que es muy costoso computacionalmente hablando. La forma de escribir ese bloque es tener un montón de dispositivos o un servidor muy potente. Eso requiere un montón de electricidad, de potencia de cálculo, de procesadores… El primero que logra escribir ese bloque en la cadena es el que se lleva la recompensa, los bitcoins’’.
Por eso, los ciberdelincuentes tratan de rehuir esos gastos.
Hay varias maneras de llevar a cabo el secuestro, y algunas no requieren que el usuario haga nada de forma activa. Una de ellas es que los delincuentes vulneren una aplicación móvil.
La propia Matheu fue víctima de ese tipo de secuestro, aunque no llegó a percatarse: ‘’Fui a usar la aplicación y me salió un mensaje de que se había detectado una vulnerabilidad y Google la había retirado de la tienda. Después, vi artículos que explicaban que esa app servía de puente para instalar otras aplicaciones que hacían otro tipo de cosas, en particular minar criptomonedas’’.
La aplicación, CamScanner, se utilizaba para escanear documentos con el móvil y crear PDF y tenía más de 100 millones de descargas. Era una aplicación oficial, revisada por Google su Play Store; un claro ejemplo de que no hace falta descargar algo extraño para acabar siendo víctima de un criptosecuestro.
Con información de: La Nación
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