Régimen asfixia a las voces del cambio y los empuja al destierro

El miedo tocó temprano en la puerta en Cuba. Pasadas las siete de la mañana, Camila Fernández, ingeniera, preparaba una colada de café fuerte cuando dos oficiales de la Seguridad del régimen llegaron a su apartamento al este de La Habana.

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“Me amenazaron con expulsarme del trabajo si no les contaba los planes de mi novio. Según la Seguridad [del estado], él va a participar en una marcha de la disidencia el próximo 20 de noviembre. Lo negué todo. Pero estuvieron casi cuarenta minutos presionándome y chantajeándome. Querían que yo fuera informante de ellos. Llegaron a mi casa sin una citación oficial. En cuanto se fueron comencé a llorar. Si lo que pretendían era asustarme, lo lograron”.

El activista Dariem Columbié fue detenido en Santiago de Cuba cuando iba a entregar a las autoridades locales la notificación para una marcha pacífica el sábado 20 de noviembre. «Fui interceptado violentamente por agentes de la Policía política. Dos de ellos, vestidos de civil, me salieron al paso sujetándome por el cuello para inmovilizarme. Sin respiración me llevaron hasta el carro de patrulla donde dos policías uniformados me esposaron y de cabeza me metieron en el carro. Fui conducido a la estación policial 3 de Santiago de Cuba. El oficial de la Contrainteligencia que me interrogó quería que le diera detalles de la marcha», denunció en Facebook y reportó Diario las Américas.

Revive la represión del régimen

La represión desatada por la policía política desde hace tres meses para contener el descontento ciudadano ha sido feroz. Abel González Lescay cuenta que el domingo 11 de julio de 2021 estaba en su casa, escuchando música con un amigo. “Vivo en Bejucal, un pueblo contiguo a Santiago de las Vegas y muy cerca de San Antonio de los Baños, donde comenzaron las protestas”. En la esquina de su vivienda, alrededor de 400 personas se habían concentrado. Abel se sumó al grupo y comenzó a gritar consignas.

Abel afirma que la policía no salió hasta el final, hasta que Díaz-Canel dio la orden de combate. Estuvieron frente a una unidad policial. Allí cantaron el himno nacional. Al otro día, lunes 12 de julio, “como a las seis de la mañana se parqueó una patrulla frente a mi domicilio. Tocaron la puerta. Mi papá abrió, nervioso. Vino a mi cuarto y me dijo que la policía me estaba buscando. Estaba desnudo, me levanté para vestirme y de pronto el policía estaba metido en mi cuarto. Me dijo: ‘Dale, que te vas’. ¿Dónde está la orden de arresto? Esto es un allanamiento. ¿Dónde está la orden para que puedas entrar en mi casa?”, le dijo Abel.

Después de un intercambio de palabras, «el oficial de la policía con el número de identificación 31033, me cogió por el pelo, así, desnudo, me puso las esposas, me sacó en cueros de mi casa y me montó en una patrulla”. Luego el mismo oficial policial le pegó con su tonfa. “Empezó a empujarme. Me metió por un pasillo y delante de todos los policías, desnudo como estaba, el tipo empezó a darme durísimo por las nalgas. Cinco tonfazos mientras me empujaba por el pasillo”.

Abel enfermó de COVID-19 durante su detención. Lo tiraron solo en una celda sin ponerle siquiera un termómetro. “Esa gente me trató como si fuera un perro con lepra”, recuerda. Al sexto día de arresto, un muchacho, también detenido, le contó a Abel que la policía lo mandó a desnudar y lo pusieron hacer cuclillas junto a un grupo. Después le mandaron a gritar Viva Fidel. “Nos partimos de la risa porque Fidel está muerto hace cinco años. Una cosa muy ridícula. El muchacho le dijo a la policía que no iba a gritar Viva Fidel y los policías le empezaron a dar golpes con el puño por la frente”.

Vejaciones del régimen

La violencia policial y tratos degradantes a los detenidos no son casuales. Es un protocolo de las fuerzas del orden. Cumplen una orden de Miguel Díaz-Canel: la calle es de los revolucionarios. En septiembre, Cubalex, asociación jurídica sin fines de lucro fundada en La Habana en 2010, reportaba que, según denuncias recibidas de familiares, 1.020 personas fueron detenidas en Cuba por manifestarse el 11 de julio. 416 habían sido excarceladas y 505 continuaban detenidas, de las cuales 15 eran menores de 18 años. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha advertido que el régimen está pidiendo hasta doce años de privación de libertad contra varios de los manifestantes presos por protestar el 11 de julio, lo que equivale a una sanción similar a la que se aplica en Cuba a quienes cometen homicidio.

Numerosos activistas y periodistas independientes han permanecido y algunos aún permanecen, ilegalmente, bajo arresto domiciliario. Veteranos opositores como José Daniel Ferrer y Félix Navarro llevan más de 80 días encarcelados sin juicio previo. Desde hace más de cuatro meses, Lázaro Yuri Valle Roca y Esteban Rodríguez, reporteros sin mordazas y los dos en delicado estado de salud, se encuentran recluidos en prisiones de máxima seguridad sin haber cometido ningún delito.

La cacería del régimen verde olivo ha sido absoluta. Incluso superior a la razia de la Primavera Negra de marzo de 2003, cuando 75 disidentes fueron sancionados a 25 años de cárcel. Se han aprobado engendros jurídicos como el decreto-Ley 35 y las normativas 349 y 370 para apagar las voces críticas en el sector intelectual y en las redes sociales. Apoyado por su maquinaria legal y la omnipresente policía política, diseñó una estrategia que combina multas, represión y cárcel para los ciudadanos que públicamente se opongan al sistema dictatorial imperante en la isla. Un mecanismo de control y represión que abarca a toda la población.

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