Si en 2022 Cuba produjo el nivel más bajo de azúcar de los últimos 150 años, la zafra de 2023 será incluso menor, pero el Gobierno asegura que será más eficiente.
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La próxima campaña comenzará a mediados de noviembre en 23 centrales, 12 menos que los que molieron en 2022, pero que «debemos lograr que sean eficientes, que cuenten con un nivel de recursos que garanticen una producción estable», afirmó Miguel Díaz-Canel, en un encuentro que evaluó los preparativos para la zafra azucarera 2022-2023.
Julio Andrés García Pérez, presidente del grupo estatal AZCUBA, señaló que se trata de planificar la zafra para que esta sea objetiva, flexible y, aunque pequeña, con buenas prácticas, concentrando los recursos en menos centrales para lograr mayor eficiencia.
Azúcar en Cuba
El directivo dijo que el plan se enfocará en un nuevo modelo de negocios, en el cual la planificación sea financiera, y no solamente en medir producción de azúcar, considerando de manera priorizada la economía circular, así como el modelo de ciencia e innovación.
García Pérez informó que deberán molerse 6.000.574 toneladas de caña y producirse 455.198 toneladas de azúcar, con destino a la canasta familiar y otros consumos de la economía como el turismo, medicamentos, producciones industriales y para la exportación.
La cantidad planificada es incluso menor que las 473.000 toneladas fabricadas en la zafra anterior, cuando se produjo menos azúcar que durante la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868. En aquel entonces, los ingenios producían entre 720.250 y 553.364 toneladas anuales, según el historiador Julio Le Riverend en su obra Historia económica de Cuba.
Para la zafra 2021-2022 el plan era de 911.000 toneladas de azúcar, para destinar 500.000 toneladas al consumo nacional y 411.000 toneladas a la exportación, de las cuales 400.000 toneladas estaban destinadas a cumplir un acuerdo permanente con Pekín.
Sin embargo, no se llegó ni a la mitad de lo planificado, con lo que AZCUBA tuvo que reconocer que no podría cumplir con las exportaciones a China. En cuanto a la demanda interna, los cubanos han llegado a afirmar que no hay azúcar «ni para la limonada que, según Canelo, es la base de todo», en referencia irónica a la frase acuñada por Díaz-Canel en 2020. La escasez de este producto, otrora renglón principal de exportación del país, ha puesto en peligro de extinción a los negocios privados.
Teniendo en cuenta lo planificado y lo conseguido en la anterior campaña, es difícil saber cómo, con menos azúcar, el Gobierno piensa cubrir la canasta familiar —que no es lo mismo que satisfacer la demanda nacional, pues el azúcar vendido por la libreta de racionamiento no les alcanza para todo el mes a los cubanos— además de proveer al turismo, elaborar medicamentos y otras producciones industriales, y, encima, exportar.
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