Dictadura cubana está jugando con fuego

Nicolás Maquiavelo planteaba una pregunta: ¿es mejor para un gobernante ser temido o amado? La respuesta del florentino era irrefutable. Debes confiar en el miedo. Cuando las personas te temen, el gobierno los controla, como en Cuba.

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Al dictador soviético Stalin jamás le tembló el pulso para eliminar a sus oponentes. En el período conocido como el Gran Terror, entre 1936 y 1939, la peor represión nunca antes conocida en un país en tiempo de paz, se ejecutaron a seis millones 800.000 personas y deportaron a los gulag de la Siberia a centenares de miles de ciudadanos.

El siniestro tirano ugandés Idi Amin encontró la fórmula de no dejar rastros de sus enemigos. Guardaba en nevera las vísceras humanas que luego se almorzaba.

Dictadura cubana: A punta de fusil

Llegó al gobierno a punta de fusil y prometiendo democracia. No supo, o no quiso, aprovechar el apoyo popular que le concedió un cheque en blanco para erigir una república democrática y funcional. Mintió descaradamente al pueblo al negar que fuera comunista. Prometió elecciones presidenciales que nunca llevó a cabo. Sus adversarios políticos tenían tres opciones: fusilamiento, cárcel o exilio.

Después de enfermarse en el verano de 2006, le traspasó el poder a su hermano Raúl Castro, quien gobernó hasta 2018 (aunque sigue controlando el poder tras bambalinas). Antes de jubilarse, para dirigir el país eligió a Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, un funcionario del partido comunista que garantizaba el continuismo.

En enero de 2022, el castrismo cumple 63 años en el poder. Demasiados años. Sus partidarios se enorgullecen de contar con salud pública y educación gratuitas. Pero luego de perder los subsidios soviético y venezolano, la economía cubana, incapaz de generar riquezas, ha visto cómo sus dos vitrinas publicitarias están en franco retroceso.

Delitos de la dictadura cubana

Cuba es el único país del hemisferio occidental donde la oposición política y la libertad de expresión son un delito punible. No se permiten las huelgas obreras ni las manifestaciones. Las protestas del domingo 11 de julio de 2021 prendieron las alarmas en el régimen. Por efecto dominó, en más de cincuenta poblados, miles de personas se lanzaron a las calles gritando Libertad y Patria y Vida.

A la Seguridad del Estado y los gobernantes los cogió de sorpresa. También pilló descolocada a la oposición pacífica cubana. La posterior represión fue inmediata y el uso de la violencia física fue excesiva. Soldados de tropas élites vestidos de civiles golpearon con troncos de madera a los que protestaban. Tropas antimotines reprimieron con dureza y ultimaron a un joven en La Güinera, barrio al sur de La Habana. A muchos de los detenidos se les obligó a corear Viva Fidel y consignas a favor del gobierno.

Después del 11 J la narrativa de la dictadura se ha radicalizado aún más. Todo lo que huele a diferencia de criterios es imputable a la Casa Blanca o a complot financiado por Estados Unidos. El régimen castrista quemó las naves. Se niega a dialogar con quienes disienten, incluso, con activistas de la plataforma Archipiélago, que reconocen al gobierno y algunos apuestan por un socialismo democrático.

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