«Yo repudio los actos de repudio»

La escena de repudio son de 2021 en Cuba, pero ocurrió también en 2003 (Primavera Negra), en 1994 (Maleconazo), en 1980 (Embajada del Perú y Mariel), en 1961 (declaración del socialismo).

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Esta vez, como muchas otras, ningún policía fue a detener esa turba de seres biliosos que desgastaron sus voces contra la muchacha, vestida de blanco. La policía uniformada no detiene a la policía política que acosa a la muchacha.

La muchacha tiene nombre: Saily González. Normalmente se presentaba como Saily de Amarillo en alusión a su emprendimiento, Café Amarillo B&B en la ciudad de Santa Clara, zona central de Cuba. Pero lo cerró, reportó Diario las Américas.

Pretende “reabrir cuando realmente podamos vivir con derechos, que podamos tener negocios y pensar y expresar de política y que eso no sea un delito en Cuba, y que no sea motivo para que hostiguen a mi familia, a mis empleados y a mi negocio”.

Actos de repudio en Cuba

En ese escenario futuro sueña con que tengan derechos reales los emprendedores: “sin tener miedo de que los materiales y los insumos que conseguimos para nuestros negocios sean ilegales”.

Desde hace un tiempo, la muchacha, que es emprendedora en un país donde imperan el “no hay “y el “no hables”, dedica gran parte de sus horas al activismo ciudadano.

Cuando surgió la plataforma Archipiélago, coordinada por el dramaturgo Yunior García Aguilera, la muchacha se convirtió en una de sus líderes. Y cuando se “cocinó” la idea de una marcha cívica por el cambio (luego Jornada) para exigir la liberación de los presos políticos, ella asumió como figura prominente en su territorio.

El 15-N, Saily iba a salir a las calles de Santa Clara, pero la turba concentrada frente a su casa, no la dejó.

Saily se tuvo que quedar, de blanco, en su casa.

Repudio contra la población

Con cada acto de repudio grabado y exhibido ante el mundo, aunque sea virtual, quienes pierden son los seres organizados para cometer el crimen de asesinato social y moral a sus conciudadanos. Pierde la maquinaria del totalitarismo, pierde la dictadura de la propaganda contra la razón.

En redes sociales, la muchacha no ha recibido algo distinto a la solidaridad. Lo mismo otras muchachas que corrieron la triste suerte del repudio. Harta de todo eso, la ciudadanía ha hecho viral el lema “Yo repudio los actos de repudio”. Se hace notar que quienes repudian en turbas, enviados por la Seguridad del Estado, padecen las carencias de los repudiados y de la nación toda. Se prestan para un performance en el que difícilmente puedan creer a estas alturas, y por el que reciben, apenas, migajas de los de “arriba”.

Hay linchamientos que muchos cubanos no están dispuestos a tolerar. La dictadura avant-garde que antes impulsaba a tirar huevos a sus detractores, ahora, a falta de estos, tira palabras al aire. Palabras que terminan chocando entre sí y contra la legítima autodefensa de los repudiados. Pocas manifestaciones de violencia estatal son tan repudiadas como estos actos que medran la pluralidad de expresión, pensamiento, criterios. Otras como las detenciones arbitrarias resultan igualmente chocantes para los cubanos del siglo XXI que buscan la concreción de sus libertades y derechos.

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