Cuba: nada que huela a prosperidad o reformas

Parece que ha pasado mucho tiempo desde aquella mañana soleada de febrero de 2020 en Cuba, cuando Alexander, su esposa y dos hijos acostados en tumbonas plásticas en una playa de Cayo Santamaría, Villa Clara, a 350 kilómetros al este de La Habana, bebían piña colada. Un mes después, el 20 de marzo, recuerda Alexander, «comenzó el confinamiento debido a la llegada del coronavirus a la isla».

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Con las ganancias que le reportaba su negocio, solía pasar unos días con su familia en Varadero o en algún cayo. Alexander era dueño de un restaurante privado al sur de la capital. “Pero la situación económica comenzó a empeorar. Si en 2018 las ventas diarias sumaban de 12.000 a 15.000 pesos, en 2019 y 2020, debido al desabastecimiento de alimentos, las ventas cayeron a menos de 3.000 pesos diarios. El COVID y la llamada ‘tarea ordenamiento’ le dieron jaque mate”. En los seis primeros meses de la pandemia, vivieron de los ahorros.

“Cuando volvimos a abrir, para vender a domicilio, los precios se habían disparado. Un plato que hace tres años costaba 60 pesos, poco más de dos dólares, pasó a valer 200 pesos. Cuando en enero de 2021 comenzó a aplicarse la ‘tarea ordenamiento’, los precios volvieron a dispararse. Ahora cualquier plato no baja de 300 o 400 pesos. Lo peor es que la gente no tiene dinero para comer en la calle, reportó Diario las Américas.

Cuba: Malamente comer

Veo muy difícil que los propietarios de bares, restaurantes y cafeterías particulares puedan salir adelante en medio de esta crisis económica, sin mercados mayoristas, créditos bancarios y teniendo que adquirir los alimentos en el mercado negro o en las tiendas por dólares. La devaluación del peso frente al dólar y el euro lo encarece todo. Muchos han tenido que reconducir sus negocios. En estos momentos estoy vendiendo churros, pan y galletas. El dinero solo me alcanza para malamente comer”, cuenta Alexander.

Según datos de la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria), institución estatal que rige los negocios privados, de los más de 600.000 trabajadores privados, la mitad, debido a la pandemia, solicitó prorrogas o entregó definitivamente sus licencias.

Cuba: Turismo al piso

Los negocios más afectados, considera Gustavo, economista, son los enfocados en el turismo, hospedajes y venta de alimentos. “De una forma u otra la mayoría, de los negocios privados se vieron afectados. Pero los dedicados al turismo, tendrán que esperar un milagro para ver si en la próxima temporada turística arriba una cifra importante de viajeros al país. Algo que está por ver, porque la crisis del turismo en Cuba puede extenderse dos o tres años”, afirma y añade:

“El mayor problema que enfrentarán los emprendedores privados en el sector de hostelería y gastronomía situados en lugares de afluencia de turistas, como la Habana Vieja, sería la competencia desleal de las corporaciones del Estado, casi todas regentadas por empresas militares, que van a intentar atraer a las instalaciones de su propiedad a los viajeros. Tendrán más suertes las paladares ya consolidadas, de alto estándar, cuya clientes eran extranjeros. Con la actual inflación y escasez de alimentos, incluso teniendo clientela, les será muy difícil mantener precios competitivos si lo comparas con las cadenas estatales que compran su mercancía a precios mayoristas”.

El régimen ha intentado revivir la moribunda economía estatal de todas las formas posibles: reordenando sus finanzas, brindándole mayor autonomía y autorizando a empresas estatales a crear MIPYMES (Micro, Pequeñas y Medianas Empresas), algo absurdo, pues generalmente las micros, pequeñas y medianas empresas son entidades privadas. Pero en una estrategia incomprensible y ambigua, aprobaron las MIPYMES tanto para empresas estatales como particulares.

Desde luego, los emprendedores privados están bajo lupa. El régimen delimita de manera rígida el número de trabajadores que deben tener y si van a importar mercancías tienen que contratar a una empresa comercializadora del Estado. Los impuestos son demasiado elevados. Y no se permite a los profesionales crear MIPYMES.

Para Dayamí, arquitecta, es un contrasentido. “Si el Estado no propicia que se creen empresas privadas que generen valores agregados, importen y exporten por sus propios canales o tengan acceso a las inversiones extranjeras, jamás saldremos de la pobreza crónica. No creo que vendiendo pan con mayonesa se pueda incentivar la riqueza”.

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